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Nací hace hoy 44 años. Buscando para mí, una vida paralela, no sabría cuál elegir. Tuve una vida oscura, algún destello singular: fui fotógrafo, ejercí oficios varios, escribía encorvado y secreto, estudié letras, viví un enorme tiempo en Bogotá y Cali, y otro tiempo en la orilla del mar, matrimonio, divorcio, una princesita, un hijo, trabajo estable, publiqué varios cuentos y reseñas. Podría compararme con algún río de curso irresoluto que sale al fin a un llano y queda expuesto, siempre discretamente a sequías y desmadres. Mi signo es la intermitencia; mi pasión, cierta variedad de tendencias que me impiden el disfrute de mi mismo, y cuyo símbolo encomiendo a una encrucijada de caminos locales; mi dulzura es la naturaleza y el verano, que es tanto como decir la melancolía de mi infancia; mi insatisfacción es la insatisfacción crónica y la repentina falta de entusiasmo; la literatura ha acabado por ser, después de la tormenta, una reparación de daños. Cierta afección a la soñolencia, unida a la renuncia a descubrir en sí el reino veloz y espacial, me inclina a pensar que el cordaje vital se me ha aflojado y estoy en la hora en que las melodías no son ni dulces ni arrebatadoras, sino sólo el son del agua insomne que fluye y pasa bajo el sueño. Ya raramente me duelen las palabras, y los quiebros de la sintaxis no me hieren. Por mi condición, o imagen, no doy la talla para ser estimado como náufrago; si la doy para ser tildado de loco pero eso para mí es un piropo en medio de la barbarie. Los frutos de mis ocios no son testimoniales porque no soy noticia ni cifra ni tengo... esa ruda manera de no aceptar..., esa pasión de alquimista..., esa pasión que hace de la existencia un eslabón donde cualquier objeto arranca chispas... En fin, cerremos aquí este balbuceo. No entiendo el mundo, no lo abarco. Veo un árbol y un sistema político, digamos, pero eso es todo, cada cual por su lado: fragmentos, calderilla, cordeles. La sociología, como perro, me ha mordido en las nalgas y me he revuelto y defendido a voces o a silbidos. Leo cada día periódicos como si recibiese encima unas sobras de papas, mayonesa y resto de fideos. No debería salir a lugares alternativos, porque lo que me dan y oigo me impiden luego intentar un brinco de arlequín. Hay ciertas noticias que merecerían ser tratadas con la santa ira de la inocencia, y no con la complejidad intelectual que las admite a trámite, ofreciéndoles su casa. Habría que detenerlas en la puerta y decir: “El señor no está, vuelva usted mañana, como se le advirtió hace ya tanto tiempo.” Hoy, vivo en la provincia y he huido del grito y del relámpago de la ciudad. Los sonidos llegan a borbotones y mi alma pretende estar en silencio. Hoy, ya sé que no puedo. Intento, gracias a la literatura, desarrollar proyectos con mis estudiantes que revelen la comprensión de sí mismos y de su entorno para transformar aunque sea un poco, la forma como ven el mundo, iluminando el tejido de la cultura y de los individuos. DFLM
A nuestros usuarios
Serán bienvenidos poetas, malpensantes y críticos empedernidos... personas que crean en la educación como una de las tantas formas para transformar el mundo... crearemos parapetos a individuos adaptados, mediocres, o vendidos por el dinero, los sistemas y las instituciones... abrazaremos a científicos locos, escritores, pintores, artístas y diseñadores que armen y desarmen mundos posibles... en el color y en la letra, seremos hermanos de sangre para saber que existimos y somos muchos... cerraremos comunicación a traidores y Pilatos que renieguen de su estado habiendo criticado a lavaperros, a ignorantes con iniciativa, a difamadores de oficio, terminando en convertirse en ellos mismos como el estado más bajo de la condición humana... elaboraremos tejidos con soñadores de oficio, niños, jóvenes y viejos con preguntas por resolver, existencialistas, metafísicos, escépticos... borraremos de nuestras páginas a chismosos de oficio que no quieren más, que todos seamos igual de desgraciados que ellos... a los poderosos, cínicos y acomodados, los enfrentaremos con el poder de la palabra inteligente, llena y profunda que revele su cinismo.